Cuando hablamos de liderar una empresa, compañía, proyecto o equipo, pensamos que las condiciones de la persona que lo representa son excepcionales, que sí lo son, pero no precisamente o únicamente por sus habilidades, conocimientos, experiencia y, cómo no, su actitud. No consideramos, habitualmente, una de las características más necesarias y relevantes del líder, su conexión emocional.

¿Acaso el líder es más líder por su frialdad, frivolidad, dureza y concentración en el deber del éxito de su desempeño, de conseguir sus metas a base de evitar expresar sentimientos, emociones y evitar que puedan detectarse en él los síntomas propios de cualquier otro que no lo sea?

Evidentemente no, quien lidera debe dar ejemplo de sus cualidades, debe enseñar y compartir sus conocimientos adquiridos de forma que sea , incluso, de forma vulnerable. Cuando los líderes son vulnerables, son más abiertos y emocionalmente disponibles, lo que crea más oportunidades de vinculación y mejora el rendimiento del equipo.

A pesar de sus esfuerzos por hacer lo contrario, ser un líder a veces hace que sea difícil bajar la guardia. Las presiones de su función significan que a veces necesita retener información confidencial o mostrar una buena cara en tiempos difíciles. Pero esas necesidades pueden llevar a malos hábitos si no tienen cuidado.

A medida que los cambios dentro de las organizaciones se aceleran, es casi imposible que una persona en la cima tenga todas las respuestas. Los líderes necesitan confiar en las personas que los rodean para obtener conocimiento, apoyo y respuestas a problemas difíciles. Y aunque los ejércitos de consultores, coach y mentores (como yo) han pasado los últimos años desmoronando el mito de que la vulnerabilidad es un signo de debilidad, todavía no está del todo eliminado. Sugiero seguir a  Brené BrownImagen relacionada

Los líderes no tienen que ser perfectos para tener éxito. Todo lo contrario. Admitir errores, ser abierto y honesto, y aceptar errores y defectos produce resultados mucho más efectivos que proyectar una fachada intocable. Los líderes duros pueden inspirar a través del miedo o la intimidación, algo en lo que yo personalmente he discrepado siempre. Los líderes vulnerables inspiran con autenticidad y humanidad y suele ser esto último lo que es más probable que arroje mejores resultados.

La vulnerabilidad es el núcleo de emociones difíciles como el miedo, el dolor y la desilusión, y el lugar de nacimiento del amor, la pertenencia, la alegría, la empatía, la innovación y la creatividad.

En un mundo donde “nunca es suficiente” domina y, sentir miedo se ha convertido en una segunda naturaleza, la vulnerabilidad es subversiva. Incómoda. Incluso es un poco peligrosa a veces. Y, sin lugar a duda, exponernos a nosotros mismos significa que existe un riesgo mucho mayor de ser criticado o sentirse herido.
En mi dilatada carrera como líder, he experimentado muchas emociones por haber sido precisamente vulnerable, accesible, comprensible e incluso muy tolerante con los demás y conmigo mismo al aceptar que ser líder es también ser humano.