Qué emoción sentimos cuando alguien nos da las gracias y, más aún, cuando lo acompaña mirándonos a los ojos y sonriendo cuando lo dice. A todos nos provoca sin duda una sensación muy agradable. Recordemos cuando, desde pequeños, nos inculcaban a decir gracias cuando alguien nos hacía un obsequio como un caramelo, un regalo o algo por contentarnos.

Sin embargo, a medida que muchas personas crecen olvidan esta acción e incluso, dan por sentado que lo que se les ha hecho como favor es algo meritorio e innecesario agradecer. No es comprensible que ello suceda, pero se da cada vez con mayor frecuencia quizás por vaguedad, quizás por pérdida de educación quizás por arrogancia.

 

La gente debería darse cuenta de que agradecer es una acción muy poderosa, ya sea a nivel personal, compartido entre familiares, amigos y conocidos, o en un plano más profesional, entre socios comerciales y colaboradores. Hay un viejo refrán que dice que si has olvidado el lenguaje de la gratitud, nunca estarás hablando de felicidad.

La gratitud se puede definir de varias maneras. La primera definición, y probablemente la más común, la describe como la cualidad de ser agradecido. Es el estado de estar listo y dispuesto a mostrar aprecio y devolver la bondad recibida. Otra definición se refiere a ella como la “capacidad de ser muy consciente de las cosas buenas que te suceden y de nunca darlas por sentadas”.

La gente tiene diferentes formas de expresar gratitud. El más obvio, por supuesto, sería decir las palabras en voz alta “gracias” y “estoy agradecido”. Son claramente las formas más directas de mostrar cuán agradecida está una persona y, además es aquí donde se debe hacer la distinción entre decirlo solamente por ser cortés o porque realmente se está agradecido. El primero es obligatorio mientras que el segundo es el de la verdadera gratitud, la sincera, no algo que se hace porque se espera que se haga.

Cuando demostramos auténticamente gratitud, las personas que nos rodean experimentan los beneficios de sentirse más optimistas, aumentar los niveles de entusiasmo y estar más alertas para reconocer las oportunidades. Cuando aceptamos la gratitud como un hecho en lugar de una excepción, la cultura cambia. Las personas están más dispuestas a difundir sentimientos positivos con los demás y se crean ondas.

El lenguaje corporal y los gestos también son igual de efectivos, y otros incluso dirían que los actos de bondad y acciones similares sirven para mostrar el agradecimiento. Otros incluso toman la forma de elementos materiales, como dinero, regalos y cosas similares. El método puede variar, pero la intención es la misma, mostrar agradecimiento.

La neurociencia destaca que las partes del cerebro se ven afectadas por la apreciación y el agradecimiento. El hipotálamo que controla las funciones corporales básicas, como comer, dormir y la dopamina, se ven significativamente afectadas por los sentimientos de gratitud. Es un acto desinteresado. La acción tomada incondicionalmente les muestra a las personas que son apreciadas, y se vuelve contagiosa. Es un signo de sabiduría y madurez y un sello de humildad arraigado.

El científico líder en gratitud, Robert Emmons, destacó a través de la investigación que las personas que demuestran una gratitud constante experimentan sistemas inmunológicos más fuertes, un sueño más prolongado y mejor y mayores niveles de optimismo. La gratitud crea beneficios sociales al permitirnos experimentar cómo hemos sido apoyados por otros y al reconocer los rasgos positivos dentro de nosotros mismos para que podamos apreciar a los demás. También, la profesora de Harvard Business School, Francesca Gino, escribe: “Recibir expresiones de gratitud nos hace sentir un mayor sentido de autoestima, y ​​eso a su vez desencadena otras conductas útiles hacia la persona que estamos ayudando y hacia otras personas también”.

Hecha esta introducción, veamos cómo afecta el agradecimiento en el mundo laboral pues la combinación de liderazgo y gratitud es extremadamente poderosa.

Una actitud de gratitud puede ser un gran activo para cualquier empresa ya que los empleados agradecidos tienen más oportunidades de éxito, las personas se sienten más felices y más satisfechas cuando expresan gratitud y además ayuda a fomentar relaciones positivas, una parte esencial de cualquier lugar de trabajo. Sin embargo, ¿con qué frecuencia el entrenamiento de gratitud forma parte de la estrategia de aprendizaje de la Compañía?.

Los empleados merecen ser tratados como el verdadero valor empresarial y así lo entienden las empresas líderes quienes están siendo recompensadas con culturas laborales impulsadas por el propósito, la apreciación y el respeto.

Una cultura de gratitud comienza con el líder. Decir gracias ayuda a su equipo y también le ayuda a él.  Es vital que inculque el hábito pues no se puede ser un líder sin gente capaz de emanar gratitud. Un líder emocionalmente inteligente usa la gratitud para inspirar a los demás.

El poder de la gratitud les brinda a los líderes la ventaja que necesitan para pivotar rápidamente durante situaciones estresantes, como que su equipo no rinda o que su rentabilidad baje. Los pequeños actos desde un nivel de gestión abren puertas para que la gratitud se convierta en la norma en toda la oficina y por ende, se use sobre todo también de cara a los clientes ya que  un simple ‘gracias’ puede mostrarles que valoran la relación que tiene la empresa con ellos y ayuda a mantenerla generando lealtad a la marca.

En definitiva, ser agradecido en cualquiera de los diferentes ámbitos en los que nos movemos cotidianamente es un acto beneficioso para los demás, pero sin duda alguna, para nosotros mismos.

“Al expresar nuestra gratitud, nunca debemos olvidar que la mayor apreciación no es pronunciar palabras, sino vivir de acuerdo con ellas”. – John F. Kennedy